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miércoles, 2 de abril de 2008

ASPECTOS MÉDICOS

La lepra es una infección granulomatosa crónica de la piel y nervios periféricos causada por una bacteria intracelular denominada Mycobacterium leprae. El daño a los nervios periféricos produce alteraciones sensorio–motoras causando deformidades características y severa incapacidad funcional.

En 1985 se estimaba que la población de leprosos en el mundo correspondía a 12 millones de personas, lo que equivalía a una prevalencia de 12 por cada 10.000 habitantes. En el año 2002 la Organización Mundial de la Salud reportó un total de 597.000 casos registrados y 719.000 nuevos casos durante el año 2000 lo que correspondía a una prevalencia de menos de 1 caso por 10.000 habitantes. Solamente 15 países permanecían con más de 1 por 10.000 y el 83% de los casos se concentraban en 6 países: India (con el 64% de los casos), Brasil, Burma, Indonesia, Madagascar, y Nepal.
Prevalencia por 10.000






Mapa de Prevalencia de Lepra 1998 (OMS)


La lepra tiene varias presentaciones clínicas: tuberculoide, borderline y lepromatosa, clasificación realizada por Ridley y Jopling en 1966. Están determinadas por la respuesta inmune del hospedero a la Micobacteria.

De un lado se encuentra la forma tuberculoide en la cual se encuentra una vigorosa respuesta inmune lo que limita la enfermedad a unas zonas bien delimitadas en la piel y nervios.


Lesiones de Lepra Tuberculoide


De otro lado se encuentra la forma lepromatosa caracterizada por la ausencia de inmunidad celular específica. Se presenta a cualquier edad teniendo un mayor pico de incidencia entre los 10 y 20 años.


Lesiones de Lepra Lepromatosa


El período de incubación entre la infección y las manifestaciones clínicas varía desde meses hasta 30 años con un promedio de 4 años para la forma tuberculoide y 10 años para la lepra lepromatosa.

El principal mecanismo de transmisión es por aerosoles de secreciones nasales o saliva.

El riesgo relativo para adquirir lepra entre contactos estrechos es de 8 a 10 para la forma lepromatosa y de 2 a 4 para la forma tuberculoide.

Mycobacterium leprae (Bacilo de Hansen) es un bacilo gram positivo acido alcohol resistente, intracelular, contiene gránulos rojos y con gran tropismo por macrófagos y células de Schwann. El organismo puede replicarse en la almohadilla plantar del ratón y en el armadillo de nueve bandas.


Mycobacterium leprae


El compromiso de la piel se caracteriza por lesiones como máculas, placas ó nódulos, hipopigmentadas, infiltradas o eritematosas. Las zonas afectadas presentan hipoestesia (disminución de la sensibilidad), alteraciones de la percepción a los cambios de temperatura y anhidrosis (ausencia de sudor).

Los nervios periféricos comprometidos con más frecuencia son el tibial posterior, cubital y mediano, en la mayoría de los casos se encuentran engrosados y se manifiesta por pérdida de la sensibilidad y compromiso motor. Si no se realiza el tratamiento adecuado se presentan deformidades en cara adoptando la llamada facies leonina y pérdida de falanges en manos y pies.
Otros hallazgos son atrofia testicular, compromiso ocular y menos frecuente compromiso renal.

El diagnóstico se realiza por la presencia de máculas hipopigmentadas con alteración en la sensibilidad, nervios periféricos engrosados y aislamiento del bacilo de las lesiones.

El manejo se realiza con terapia multidroga basada en tres medicamentos: Rifampicina, clofazimine y dapsone. La duración del tratamiento para la lepra paucibacilar (presencia de 2 a 5 lesiones) es por 6 meses y para la forma multibacilar (presencia de más de 5 lesiones) es mínimo por 2 años. Otros medicamentos utilizados son la ofloxacina, claritromicina y minociclina.

La rehabilitación de los pacientes con lepra ha cobrado gran importancia en los países endémicos y se han creado diferentes instituciones que permiten el reintegro a la sociedad, volverlos económicamente productivos y evitar la discriminación en su comunidad.

CRUZ DE SAN LAZARO

Siglos antes de darse inicio a las Cruzadas, ya existían en Jerusalén instituciones caritativas que tenían como misión la atención de los peregrinos cristianos que visitaban Los Santos Lugares. Una de estas órdenes era la de San Lázaro quienes se ocupaban del cuidado de los leprosos. Los Lazaristas acogían a cualquier caballero de otra Orden que contrajera la terrible enfermedad.




Caballero de la Orden de San Lázaro


A partir del año de 1115 algunos caballeros cruzados tomaron el papel de los monjes de la Orden de San Lázaro y en 1253 el Papa Alejandro IV los puso bajo la protección de la Santa Sede participando en las batallas de Gazza en 1244, la de Mansourach en 1250 y en las cruzadas de San Luis. Después de su salida de Jerusalén por orden del Sultán Saldino se establecieron en Francia y posteriormente en Inglaterra. En el siglo XVII el Papa Gregorio XIII ordenó incorporar la Orden de San Lázaro a la de San Mauricio convirtiéndose en una de las más distinguidas de Italia y luego fue unida a la del Carmelo en Francia. En 1791 las Ordenes unidas fueron abolidas por edicto de la Asamblea Nacional de Francia pero a pesar de esto la Orden de San Lázaro no desapareció y solo fue hasta 1940 que fue reconocida con carácter oficial en España y su reglamento de la lucha contra la lepra fue aprobado por el decreto del 8 de marzo de 1946 con el nombre de “Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén”. Su distintivo es una cruz octogonal verde también llamada cruz templaria o de las ocho beatitudes, siendo estas:

1ª beatitud: poseer el contento espiritual.
2ª beatitud: vivir sin malicia.
3ª beatitud: llorar los pecados.
4ª beatitud: humillarse al ser ultrajado.
5ª beatitud: amar la justicia.
6ª beatitud: ser misericordioso.
7ª beatitud: ser sincero y limpio de corazón.
8ª beatitud: sufrir con paciencia las persecuciones.

Existe una cruz de apariencia similar que corresponde a la orden Religiosa y Militar de San Juan de Jerusalén que surge aproximadamente en el año 1050 por la idea de algunos mercaderes de la antigua república marinera de Amalfi de construir en Jerusalén una iglesia, un convento y un hospital para la atención de los peregrinos cristianos que acudían a Palestina a visitar Los Santos Lugares y dentro de los cuales se encontraban una gran cantidad de leprosos. Esta Institución fue encomendada a San Juan y se hizo independiente bajo la dirección del Beato Gerardo.
Los integrantes de esta Orden vestían con una túnica negra, la de los Benedictinos, con una cruz blanca de ocho puntas cosida en el pecho que al parecer provenía de un escudo de la ciudad natal del padre Gerardo.



Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén

Colombia fue el único país que utilizó la cruz de San Lázaro en las acuñaciones de las monedas de circulación restringida a los lazaretos en sus series de 1901, 1921 y 1928.


A continuación se presentan algunas monedas con la cruz de San Lázaro de la Soberana Orden Militar de Malta:


1968, 2 Tari, Bronce, 33 mm, F.A.O., Piezas acuñadas: 27.000

1968, 3 Escudos, Plata Proof 0,986, 34 mm, Piezas acuñadas: 20.000

1994, 1 Escudo, Plata 0,986, 12 gr, 33 mm, Anverso: Andreas Bertie, Piezas acuñadas: desconocido

1994, 10 Escudos, Oro 0,900, 8 gr, 25 mm, Anverso: Andreas Bertie, Piezas acuñadas: desconocido

1996, 1 Escudo, Plata 0,986, 12 gr, 33 mm, Anverso: Andreas Bertie, Piezas acuñadas: desconocido

2002, 2 Escudos, Plata 0,986, 24 gr, 40 mm, Anverso: Andreas Bertie, Piezas acuñadas: desconocido


2005, 2 Escudos, Plata 0,986, 24 gr, 40 mm, Anverso: Andreas Bertie, Piezas acuñadas: desconocido

HOSPITALES PARA LEPROSOS

La primera concepción de aislar los enfermos con lepra aparece en La Biblia en los capítulos 13 del Levítico, 5 de los Números y 15 del Libro Primero de los Reyes donde se ordena la separación de los leprosos primero ubicándolos en el desierto y luego fuera de Jerusalén.
Según el relato del libro 13 del Levítico los individuos con enfermedades de la piel debían presentarse al Sumo Sacerdote Aaron y posteriormente a los demás Sacerdotes, los cuales juzgaban el origen de sus lesiones y podían ordenar cualquiera de las siguientes disposiciones:

· Secuestración provisional.
· Cuarentena de siete a catorce días.
· Secuestración definitiva.
· Obligarlos a vestir con ropas descosidas, cabeza rapada y descubierta y gritar que se encontraban contaminados.

Posteriormente los menciona Gregorio de Tours en el año 560 con el nombre de Leprodochia o leproserías. La Iglesia a través de diferentes Concilios a partir del año 459 decidió crear los Lazaretos (nombre derivado de Lázaro protagonista de la parábola evangélica del "rico avariento", que vino a constituirse en el paradigma del pobre, enfermo y desvalido y de la designación de la lepra por parte de los cristianos como mal de San Lázaro) para aislar a los enfermos como medida de confinamiento para controlar su diseminación, poder brindarles alimento y vestido para evitar que continuaran mendigando.

Cuando los cruzados rescataron Jerusalén de los musulmanes establecieron fuera de la ciudad un lugar aislado para la atención de las personas con enfermedades contagiosas con el nombre de Hospital de San Lázaro. El uso de estos hospitales para aislar enfermos pasó a Europa por las expediciones de los Cruzados y fueron llamados lazaretos, lacería, lazrados, leprocomios, leprodochia, leprosarios, leproserías, leprerías, escalas o malaterías.



Lazareto de Palo Seco en Panamá

Casi todos eran ubicados en las costas o en islas cercanas a puertos mercantes o en su defecto en terrenos secos, áridos, elevados de difícil acceso y separados de zonas cultivadas, alejados de las grandes capitales, donde se construían cuatro edificaciones principales, una para las personas sanas, otra para los sospechosos de contagio, el tercero para personas convalecientes y el cuarto considerado como el hospital para los enfermos, una capilla, huerta, establo, almacenes para víveres y ropa, un cementerio, grandes patios y jardines buscando una mejor ventilación divididos en parcelas separadas unas de otras por paredes con una sola puerta vigilada por guardias, el terreno se rodeaba de altos muros con una sola salida y contaban con un locutorio para que los pacientes pudieran comunicarse con los visitantes. A los enfermos se les asignaron diferentes oficios como sepultureros, recoger animales muertos y oficios de construcción, en muchos casos se les prohibía la entrada a las iglesias o lavar su cuerpo y ropajes con aguas de arroyo. Se les obligaba a llevar una campana (matraca, carraca o chanutella) para avisar su presencia, una toga (Lazarea, stragula o vestis humilitatis) la cual consistía en un hábito color pardo, una capucha (capucim camelini) con tejido hecho de pelo de cabra mezclado con seda y lana, unas zapatillas (solutares), guantes (chirotecae) y un barrilete (Modiolus o caque) colgado en el cuello donde depositaban alimentos u objetos que les fueran obsequiados, y en algunos países una marca identificativa sobre la esclavina que podía ser una señal roja, azul ó amarilla.



Vestimenta para leproso - Imagen tomada del libro The Medieval Leper


Estos “hospitales” se convirtieron en depósitos de enfermos donde el 90% morían y se les enterraba boca abajo con la creencia de que así no resucitarían.
Para el año de 1225 Francia ya contaba con más de 20.000 lazaretos bajo el reinado de Luís VIII. En España aparecen en el año 60 a. C. y se continuaron extendiendo por todo el mundo. Francia fue el primer país en redactar diferentes edictos y decretos en 1498 que obligaban a todas las personas con lepra, sífilis y otras enfermedades contagiosas, bajo pena de muerte si no lo cumplían, abandonar sus familias en menos de 24 horas y desplazarse al leprosario de Saint Germain des Pres donde serían atendidos.

Los lazaretos más famosos fueron: Ayacció, Tolon, Marsella, Celte, Bayona, Burdeos, Lorient, Brest, Tahiton, Hoc y Madeleine en Francia, Spezia y Santa María de Nazareth en Italia, Arbas del Puerto, San Isidro (recordado por la peregrinación a Santiago de Compostela), Mahón y Vigo en España, Horbledown en Inglaterra y Berg en Noruega.
A medida que disminuían los internos en estos hospitales se decidió atender pacientes con enfermedades venéreas, dermatológicas y psiquiátricas, y cambiar la jurisdicción eclesiástica a la civil y es allí donde aparecen los Alcaldes de la Lepra.

En América el primer Lazareto fue fundado en 1520 en Santo Domingo por el creciente número de casos reportados en Españoles y Africanos que ingresaban al Continente, luego se hicieron famosos los de Colombia (Agua de Dios, Contratación y Caño de Loro), Perú(San Pablo), Puerto Rico, Louisiana (Carville) y Hawai (Molokai).

Debido a las recomendaciones hechas por algunos estudiosos del tema se tomó la decisión de planchar la correspondencia que salía de los Lazaretos para esterilizarla y fabricar monedas, papel moneda y tiquetes que sirvieran para la obtención de alimentos y solo fueran utilizados en las áreas destinadas para albergar a los leprosos.

Es así como 15 países se acogieron a estas normas:

· BRASIL
· CHINA
· COLOMBIA
· COREA
· COSTA RICA
· FILIPINAS
· HAWAI
· ISLAS DANESAS OESTE
· JAPÓN
· MALASIA
· NIGERIA
· PANAMÁ
· RUMANIA
· TAILANDIA
· VENEZUELA

martes, 1 de abril de 2008

DÍA MUNDIAL DE LA LEPRA

Su origen se atribuye a la visita realizada por el filántropo y periodista francés Raoul Follereau a una leprosería en Costa de Marfil en 1953 por motivos laborales donde fue tal el impacto emocional que sufrió por las condiciones infrahumanas en que se encontraban los leprosos, que decidió organizar un evento para sensibilizar a la sociedad mundial sobre esta terrible enfermedad, tratando de alejar la imagen negativa y proponiendo realizar una celebración alegre teniendo como objetivo principal el reencuentro y la congregación alrededor de estos enfermos recordando su gran impacto en los países más pobres.

Raoul Follereau
El fruto de esta idea fue la celebración del primer día Mundial de la lepra el 31 de enero de 1954, escogiéndose el último domingo de enero tras la Epifanía cuando el Evangelio relata la cura de los enfermos de lepra.

A continuación se presentan algunas estampillas que incluyen a Raoul Follereau y el día mundial de la lepra como temas principales.

España, 50º Día mundial de la lepra, 2003
Senegal, Centenario del descubrimiento del Bacilo de la lepra, 1996
Malí, 10º aniversario de la muerte de Raoul Follereau, 1987
República Gabonesa, Dïa mundial de la lepra, 1997

República Popular de Benin, Día mundial de la lepra, 1987

HISTORIA

La palabra Lepra, de origen griego, fue utilizada para describir diversas lesiones en la piel de aspecto escamoso y ulcerativo. Durante toda la historia de la medicina han surgido múltiples términos para designar las mismas lesiones en diferentes culturas:

Árabe: Dal-fil, China: lai, Hawai: mai-pake, Hebrea: Tsara’ath, Hindu: vat-ratka, Islandia: likprar, Japón: tsumi, Malayos: kusta

También ha tomado otros nombres de acuerdo a diferentes países, culturas y épocas históricas como “mal de San Lázaro”, malum mortuum, ladrérie, mal de loup, mezaelerie, alborozo, alvaraz, guafem, landre, hanseniasis virchowiana, gafedad, mal rojo de Cayena, enfermedad de Crimea y gangrena seca y a quien la padece se le ha denominado leproso, lazarino, lazaroso, malatos, manetas, gafo, cagot, cacot, colliberts, crétins, gavaches, agotes, homines de lége, crestats, kakods, ladres, metsorá o mesel.

La lepra ha acompañado a la humanidad desde hace miles de años y ha sido considerada como una de las más despreciables y temidas enfermedades y quien la padece ha sido confinado al aislamiento. Su origen se cree que fue en la India alrededor del año 600 a.C., por descripciones en las obras de Susruta y Charaka, dos médicos hindúes. De allí se propagó a China donde se menciona en los Anales de Confucio, posteriormente aparece en Japón y Hawai. Los soldados de Alejandro Magno la llevaron a Grecia y África, lo propio hicieron las tropas de Pompeyo cuando ingresaron a Roma en el año 62 a.C. después de la campaña en el Asia Menor. Por su parte, los Vikingos propagaron la enfermedad desde Inglaterra hasta el Norte de Europa y fue traída a América por los españoles, portugueses y esclavos del África Occidental. Este recorrido es denominado como “la ruta histórica de la lepra”.

El origen de la enfermedad se asoció con la corrupción de cuerpo y alma, con el pecado, era un castigo divino, como lo ilustran el libro del Levítico y el Pentateuco.

Libro del Levítico 13, 1-2.44-46:
El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Cuando alguno tenga en la piel un tumor, una úlcera o mancha reluciente, y se le forme en la piel una llaga como de lepra será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos sacerdotes. Se trata de un leproso, y el sacerdote lo declarará impuro. El leproso llevará las vestiduras rasgadas, los cabellos revueltos y la barba rapada, e irá gritando: “¡Impuro, impuro!” Mientras le dure la lepra, será impuro. Vivirá aislado y tendrá su morada fuera del campamento».
El Rey Uzías de Juda fue castigado con Lepra por revelarse contra Jehová, fue despojado de su poder y se le negó su entierro en cementerio de Reyes. El Nuevo Testamento trata a los leprosos más amablemente pero aún así eran aislados de la comunidad, y aparecen varios leprosos que son sanados por Jesús al arrepentirse de sus pecados, dándole continuidad al concepto de enfermedad religiosa en el cristianismo por muchos siglos.
Las primeras descripciones en Europa son hechas en el Corpus Hippocraticum donde se confunde con enfermedades tales como la psoriasis, eczema y otras dermopatías. Celso, escritor romano, describe la elefantiasis graecorum como una enfermedad crónica, que afecta todo el cuerpo incluyendo huesos y causando amputaciones en los dedos y que debía diferenciarse de la elefantiasis de los árabes.
Areteo de Capadocia, médico de principios del siglo II, la llamó leontiasis por el aspecto de facies leonina que adoptaba el rostro y las destrucciones óseas e impulsado por las descripciones hechas por Hipócrates. Fue el primero en describir las formaciones nodulares en la piel que llamó “Tubérculos”.
El árabe Abulcasis describe cuatro variedades de lepra: leonina, elefantina, serpentina y vulpina. Sus descripciones sobre la alopecia, la pérdida de voz, las úlceras corporales, la destrucción de la nariz y la destrucción de extremidades son muy precisas. Otra descripción clásica de la lepra se le atribuye a Gilberto Anglicus famoso médico que participó en la III cruzada en su texto “Compendium medicinae”.

La lepra se convirtió en un problema de salud pública y ante el desconocimiento de la etiología de la enfermedad y el temor del contagio, se crearon leyes que obligaban a denunciar ante las autoridades a todos los infectados, éstos eran aislados y considerados muertos en vida. Estas medidas al parecer tuvieron un efecto contrario al deseado porque los enfermos se escondieron ante el riesgo de ser separados de sus familias y que se les quitaran sus propiedades, lo que ocasionó un contacto más prolongado con personas sanas. Fue tan grande el pánico ante la enfermedad, que en algunos testamentos de la época se solía incluir una cláusula que decía: “Quienes no cumplan esta voluntad sean destrozados por la lepra”, era el peor castigo y la mayor maldición que se le podía desear a cualquier persona.
La Iglesia Católica solicitó al Concilio de Ancyra, realizado en 314 d.C., dictar regulaciones sobre los leprosos, los cuales fueron definidos como personas sucias, corporal y moralmente. Por disposición de los Concilios de Orleáns, año 459, y de Lyón, año 583, se empezaron a construir hospitales para Leprosos en Europa, denominados Lazaretos y con ellos se crearon diferentes Órdenes como las de San Lázaro y San Juan de Jerusalén para ayudar a cuidar a los enfermos.
Escudo de la Órden de San Lázaro

En el año de 1200 surgen San Francisco de Asís y Santa Isabel de Hungría como los dos grandes defensores de los leprosos, curaban a los enfermos con sus propias manos sin ningún temor y Santa Isabel sería adoptada como patrona de los leprosos.

Santa Isabel de Hungría

En la Edad Media Europea, la mejor descripción de la lepra la realizó Guy de Chauliac, médico de los Papas, en su obra “Inventarium sive Collectorium Partis Chirurgicallis Medicinae”, texto médico, publicado en 1363: “sus cejas y párpados hinchados, caída de las cejas y pestañas reemplazadas por pelos más finos. Tabiques nasales ulcerados, voz nasal, pústulas en cara. Tenían adelgazamiento de los músculos de la mano, sobre todo en el pulgar, se quejaban de enfriamiento de las extremidades con erupciones, insensibilidad de las piernas con ulceraciones en la piel”. Afirmaba que la lepra se adquiría principalmente con las relaciones sexuales y que debía considerarse como altamente contagiosa.

En 1546, Girolamo Fracastoro, médico Italiano y padre de la epidemiología, en su trabajo “De contagione et contagiosis morbus et curatione” describió diferentes tipos de enfermedades contagiosas y la manera en que se transmitían. Fracastoro suponía que las infecciones pasaban de una persona a otra por medio de pequeños cuerpos capaces de autorreplicarse, lo que ayudó a sustentar la necesidad de aislamiento para los enfermos. Durante esta época surgen diferentes pruebas para realizar el diagnóstico de la lepra. Una de ellas consistía en extraer sangre y filtrarla a través de una tela especial, en caso de ser lepra quedaban sobre la tela unos corpúsculos blancos y brillantes. También se mezclaba sangre con aceite y si la sangre presentaba un aspecto “cocido” el enfermo era declarado como leproso. Se frotaba sangre sobre la palma de la mano y si daba la impresión de estar seca la prueba se consideraba como positiva. Otra prueba reconocida era acostar al paciente sobre una gran losa de mármol, el frío incrementaba por vasoconstricción las manchas leprosas e incrementaba la anestesia cutánea de las zonas afectadas. Se establecieron rituales o ceremonias para el enfermo después de ser diagnosticado como leproso denominadas Separatio Leproso Rum. El sacerdote iba a la casa del leproso le dirigía unas palabras de consuelo donde le decía que su enfermedad del cuerpo le serviría para obtener la salvación del alma y alcanzar la vida eterna, le rociaba agua bendita y era conducido a la iglesia donde el leproso se arrodillaba y oía la misa con devoción. Al terminar la Eucaristía era rociado nuevamente por agua bendita y conducido al lugar que se le había asignado para ser recluido. El cura al despedirse le leía las conductas a seguir en dicho lugar haciendo énfasis en las prohibiciones y la indumentaria que debía llevar. En algunos leprosarios se les exigía hacer votos principalmente el de obediencia.

En 1856, en Noruega, se detectaron 2.858 casos de lepra, lo que representaba una prevalencia de 2 casos por cada 1.000 habitantes, y no fue sino hasta 1873 cuando Gerhard Henrik Armauer Hansen, médico Noruego, identificó el organismo causante de la enfermedad, Mycobacterium leprae, también conocido como bacilo de Hansen, el cual aisló de muestras tomadas de lepromas, trabajo que publicó en 1875 con el nombre de “On the etiology of leprosy” lo que demostraba que el origen de la lepra era infeccioso.

Gerhard Henrik Armauer Hansen

Mycobacterium leprae

En 1897 se dicta la primera Conferencia Internacional de la Lepra en Berlín donde se proponía el aislamiento estricto como único medio para impedir la rápida propagación de la enfermedad y la notificación obligatoria de todo caso detectado.

El primer tratamiento conocido para la lepra fue con el producto derivado de los frutos de Taraktogenous kurzii e Hydnocarpus antihelmintica, una planta nativa de la India, y conocido como el aceite de chaulmoogra o de ginocardio. Se popularizó su uso intralesional, técnica conocida con el nombre de plancha, y fue comercializada por diferentes laboratorios entre ellos BAYER con el nombre de ANTILEPROL® hasta el año 1951 cuando se abandonó su uso por la pobre eficacia demostrada.

Aceite de Chaulmoogra

Desde 1941 se inicia el tratamiento con Sulfona, gracias a los reportes de Guy Faget y Hillary Ross en Carville y John Lowe en Nigeria quienes demostraron que era la forma más activa contra el bacilo, menos tóxica, más fácil de sintetizar y podía administrarse por vía oral, y desde entonces el D.D.S. (Diamino – Difenil – Sulfona) o dapsone fue utilizado como medicamento de elección.
En 1960 Charles Shepard demostró que el bacilo se podía cultivar en la almohadilla plantar del ratón lo que permitió realizar pruebas de sensibilidad y resistencia a las drogas. En 1968 Waldemar Kirchheimer y Eleanor Storrs, lograron reproducir la enfermedad en el armadillo de nueve bandas (Dasypus novemcinctus) lo que se constituyó en un gran avance en el estudio biológico de la micobacteria. Desde 1964 se hizo necesario la búsqueda de tratamientos alternos y no fue sino hasta 1981 cuando se inició la terapia multidroga con tres medicamentos: Rifampicina, dapsone y clofazimine con tasas de curación de más del 80%. Otros medicamentos que son utilizados en la actualidad incluyen la ofloxacina y la claritromicina.

Actualmente se detectan 900.000 casos nuevos por año y se calcula que existen más de 7 millones de enfermos en el mundo, siendo la India el país más afectado con el 80% de la concentración de enfermos en el mundo. En 1999 la Organización Mundial de la Salud dio inicio a la Alianza Mundial para la Eliminación de la Lepra con el objetivo de erradicar la enfermedad definitivamente antes del año 2005, objetivo que no ha sido cumplido.

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